sábado, 21 de enero de 2023

USA '65 (Primera parte)

 

Hemos importado su cultura: sus cadenas de comida rápida, McDonald's, Burger King; su cine, John Wayne, Marilyn Monroe; su música, rock'n roll, blues, jazz, soul, hip-hop; sus levis, sus formas de ocio, sus prisas, su way of life. Creemos conocer la Manhattan de Woody Allen, los trenes elevados de Queens, el puente de Brooklyn, los grafitis del Bronx; creemos conocer Chicago, la ciudad de los vientos, de Al Capone, Muddy Waters y Howlin' Wolf; creemos haber tomado la ruta que desciende hasta Nueva Orleans, perdiéndonos en su crisol, respirando los aires del blues del Delta; creemos haber conducido alguna vez por la Ruta 66 hacia el oeste en un Chevrolet Impala; creemos haber apostado en las Vegas, compartido una noche con una morena de mareantes curvas y despertado en el desierto sin un dólar en el bolsillo y sin el Chevrolret Impala; creemos haber hecho auto-stop hasta Los Ángeles, y desde allí hacia San Francisco, alternado en una comuna hippy y, ya de vuelta - ¿por qué no? - participado de extra en una de indios y vaqueros en el Monument Valley. 

En Casablanca le pregunta Conrad Veidt, interpretando al oficial nazi, a Humphrey Bogart si se imagina a los alemanes en Nueva York, a lo que Bogart contesta con la suficiencia que se gastan los americanos: 'Les aconsejaría que no se metieran en ciertos barrios...'

Hemos bebido tantos mitos que la realidad nos molesta. ¿Los años sesenta? Olvidemos el glamour de Hollywood y la rebeldía del motero enfebrecido; en la mayor parte de Estados Unidos lo más cinematográfico podría ser una escena surrealista de David Lynch: el ama de casa cocinando galletas en el horno mientras suena 'Mr. Sandman', de las Chordettes. Los jóvenes ingleses también creían sus propios mitos sobre América: le gustaba a Eric Burdon decir que, de haber podido elegir, habría nacido negro, pero el mero hecho de bromear con estas cosas le habría metido en problemas en Alabama o Texas. ¿He dicho Texas? Allí a unos paletos de la hermandad Alpha Phi Omega se les ocurrió la broma de nombrar ''chico más feo de la universidad'' a una joven que se había atrevido a tener personalidad propia: se llamaba Janis Joplin, y aquello la hizo abandonar la universidad y largarse a California. Contaban los Kinks que, en su primer viaje a Estados Unidos, se sorprendieron del poco conocimiento que allí tenían de sus ídolos musicales; y contó Bob Dylan que en Duluth, su pueblo natal de Minesota, apenas se escuchaba rock'n roll en los años dorados del rock'n roll. Creemos que los conocemos, pero al otro lado del charco el territorio es vastísimo, tan grande que allí caben varios como el nuestro. A pesar de todo, los nuevos tiempos se abren paso con fuerza, eso sí, en los márgenes.

Animado con esta serie de entradas, he saboreado unos cuantos discos de 1965 que no conocía y repito la admiración por aquel año que ya expresé en mis anteriores entradas británicas. En esta ocasión he optado por una solución más cómoda, que es dividir el tema en dos partes; así el texto tampoco resulta excesivamente largo. Primero, escucharemos una selección de canciones sueltas (ya provengan de singles o de elepés), y en la segunda parte disfrutaremos varios álbumes. 

Como he dicho otras veces, no soy ningún entendido en historia musical; cualquiera puede leer unos pocos libros o rastrear en internet para aprender generalidades y algunas anécdotas. Apunto todo esto por si algún lector casual llega a este blog y se toma demasiado en serio mi pequeña selección; insisto en que el hecho de ordenarla obedece a una motivación lúdica, ni más ni menos. Las canciones de esta lista son ampliamente conocidas, y a pesar de todo hay alguna que he descubierto hará cosa de un mes. 


9. Stop! In the name of love. The Supremes.

Y aquí están de nuevo las Supremes, con otro de sus clásicos. Si el año anterior triunfaron, entre otras, con la suave y minimalista 'Where did our love go', es fácil escoger para este año 'Stop! In the name of love', que puede que no alcance, para mi gusto, aquel nivel de emoción, pero demuestra igualmente que el trío de Diana Ross, Florence Ballard y Mary Wilson dominaban el pop y sabían enganchar a todo tipo de público. Las Supremes eran, en aquellos años, uno de los máximos exponentes de lo que se recuerda como 'sonido Motown'. La estrategia del sello era apostar por las buenas composiciones y una esmerada producción, aunque para ello tuvieran que sacrificar iniciativas individuales y el estrellato de sus artistas, sobre todo en su primera época, que salvo excepciones se conformaba de grupos vocales cuyos miembros podían ser sustituidos. Con el tiempo, Diana Ross terminaría por acaparar mayor protagonismo.

8. Remember (Walkin' In The Sand). The Shangri-Las. 

Seguramente los adelantados lectores de este blog ya las conocían, pero para mí han sido uno de los descubrimientos. Visualizo a este grupo femenino a principios de los sesenta como una propuesta rompedora en todos los sentidos. Incluso fijándonos en sus canciones musicalmente más melosas, lo que hoy puede parecer, en cierta forma, cursi, de ningún modo lo podía ser en aquel entonces: chicas duras con pantalones de cuero bastantes años antes de que la televisión emitiese 'Los ángeles de Charlie'; chicas modernas, urbanitas criadas en Queens: The Shangri-Las, encabezadas por la sensual Mary Weiss, publican este año el álbum 'Leader of the pack', de la que destaco sobre todo este hit, 'Remember (Walking in the Sand)', que se dio a conocer en el verano del año anterior. 

Buscando información, me he topado con una de esas anécdotas que dicen mucho de la época: cuando, en sus comienzos, The Shangri-Las actuaron en cierto concierto que compartían con artistas negros (incluyendo al insigne James Brown), Mary Weiss acudió al baño en un descanso, sin fijarse en si era el reservado a los negros o al de los blancos; resultó ser el de negros, y la cantante terminó encañonada por el revólver de un policía. Con la segregación no se jugaba.

7. Do you believe in magic. The Lovin' Spoonful.

Se estrenan este año The Lovin' Spoonful, otra nueva expresión surgida de Nueva York. El grupo de John Sebastian se había formado en una vasta cultura musical y departido con leyendas del folk como el ídolo de Bob Dylan, Woody Guthrie, además de blues y rock'n roll. Desde el bohemio barrio de  Greenwich Village, consiguieron darse a conocer a través de la extinta disquera Kama Sutra, que les publicó su álbum debut, 'Do you believe in magic', donde demuestran su conocimiento de distintos géneros musicales, aunque ninguna de sus canciones iniciales brille tanto como el tema homónimo que abre el álbum. 

6. Barbara Ann. The Beach Boys.

Aunque volverán a escuchar a los Beach Boys en la segunda parte de esta entrada, quiero destacar esta canción aquí, donde tiene cabida. Alguien podría aducir que no es una buena opción para presentar los avances del grupo californiano en 1965, en cuanto que se trata de una versión y que ni ellos mismos tenían pensado publicarla como single, y todo eso es cierto, tienen mejores canciones, pero se confirmó como éxito popular y todavía hoy es uno de sus temas más conocidos. 'Barbara Ann' es irresistible por su tono desenfadado, la apariencia (solo apariencia) de máxima sencillez, falta de esfuerzo en las armonías vocales y jolgorio generalizado. ¿Quién iba a decir que un nombre de mujer tan feo iba a inspirar esto? No imagino lo mismo con María Remedios o Purificación, aunque tenemos la María Isabel de los Payos, entre otras. 

5. Strychnine. The Sonics.

Ya hablamos un poco de los Sonics en la entrada de 1964, con la publicación del single de La Bruja. Este año aparece, entre exclamaciones, su primer álbum largo, ¡¡¡Here are The Sonics!!! Fueron llamativos y terminarían siendo bastante influyentes, y por ello hay quien los clasifica como 'protopunk', pero hace muchos años que renegué tanto de esa como de otras etiquetas retrospectivas que buscan cimentar los fundamentos de un particular género. Olvidémonos, pues, de movimientos que no tienen que ver y que aún no existen: esto es rock'n roll, o si quieren, rock garajero. Los Sonics buscaban actualizar el fuerte efecto que en el pasado tuvieron las bandas eléctricas de rock'n roll, exagerando la bronca: sonidos saturados, gritos y letras atrevidas. Otra muestra, tomada ya del álbum, es 'Strychnine'.

4. Going to a Go-Go. Smokey Robinson & The Miracles.

Volvemos a hablar de la Motown para recomendar mi otro descubrimiento. Afincada en la ciudad del motor, la empresa de Berry Gordy había nacido no solo para producir, sino con el tiempo también para distribuir su propio material, a modo de baluarte de la música negra. Ya existían otros importantes sellos que se ocupaban de jazz, blues y soul, pero Tamla-Motown era manejada por una persona negra, trabajaba con artistas negros y tenía la osadía de triunfar en todos los mercados. Que alguien me corrija si me equivoco, pero lo que hizo Gordy en su momento no tenía precedentes, aunque luego Sam Cooke fundase SAR Records, compañía que se extinguió poco después de su muerte.

Uno de los artistas y compositores estrella unido a la Motown desde sus inicios era Smokey Robinson, que además se convirtió este año en vicepresidente de la empresa. Su voz era única por sonar casi femenina, pero además la sabía usar con maestría. Junto con los Miracles, este año publican buenas canciones, incluyendo 'The tracks of my tears', pero prefiero dejarles el temazo rítmico 'Going to a Go-Go'. Tampoco puedo resistirme a copiarles una cita del propio Robinson:

'Cuando Billy Ward & The Dominoes publicaron 'Have mercy, baby' a mediados de los años cincuenta, yo estaba seguro de que su líder vocal era una chica. Pero cuando fui a verlos actuar al Broadway Capitol Theatre me encontré con que era Clyde McPhatter, ¡un hombre!, quien cantaba. Un chico cantando con voz de chica y volviendo locas a las propias chicas. Tío, eso era cuanto necesitaba saber. Ya nunca más volví a pensar en que mi voz sonaba demasiado femenina'.


3.  Papa's Got a Brand New Bag/ I Got You (I Feel Good). James Brown.

¡Oh, yeah! Aquí tenemos a Mr. Dinamita, el ministro del Super Heavy Funk, el padrino del soul y no sé cuántos apodos más. Aunque no puede negarse que el personaje que nos ocupa comenzase como un artista de soul, lo suyo se terminó convirtiendo en un género distinto: el funk, dotado de agresividad y un mayor acento en los ritmos de baile. Pero si hablamos de agresividad, hay que decir James Brown hacía honor a su apodo de 'Mr. Dinamita', porque sobre el escenario no tenía igual. En cualquier caso, ya hemos comentado antes que esto de las etiquetas tiene su miga. Fueron ciertos locutores y gente del negocio de la década anterior quienes inventaron eso de 'rhythm & blues' y 'soul', conceptos que se usaban para referirse a la música que hacían los negros y que, en la práctica, a veces eran indistinguibles; pero me estoy refiriendo a la época anterior a Ray Charles, porque luego ya podemos establecer claramente la diferencia entre estos géneros.

Si algo tengo claro es que, de haber realizado esta selección basándome en la mera importancia musical, James Brown sería indiscutiblemente el número uno. Surgido de un contexto miserable, sabía que solo el trabajo duro podía sacarle de la pobreza; esos orígenes marcaron sin duda su personalidad. En 1965 ya era un artista curtido en las tablas, con una autodisciplina férrea que imponía a su vez a sus propios músicos contratados (a los que trataba como a miembros de la legión extranjera) y una interesante discografía detrás, pero fue precisamente este año cuando publicó un single que marcaría su tendencia posterior y afectaría a la historia de la música: 'Papa's Got a Brand New Bag'; aquí el padrino dio los primeros pasos hacia lo que será el funk: sacrificar el cromatismo melódico, normalmente apoyarse en un solo acorde de guitarra y, lo más importante: el peso de batería y el bajo en el primer golpe. 


En segundo lugar tenemos la famosa versión de 'I got you (I feel good),', uno de sus temas más conocidos. Tanto el funk setentero como la música disco, y hasta las bases musicales del hip-hop, por no hablar del potencial escénico de Michael Jackson, tienen a James Brown como padre, o sea, una gran parte del mainstream actual. Casi nada, ¿verdad? Les dejo una cita de Nick Cohn:

'Es imposible subestimar la importancia que ha tenido James Brown (...) Durante más de diez años ha recorrido América de punta a punta en giras atronadoras e interminables y se ha convertido en algo mucho más complejo que un mero cantante: es el símbolo definitivo de todo lo que los negros pueden ser, del dinero que pueden ganar, del estilo que pueden conseguir, de la arrogancia que pueden alcanzar. Más incluso que Muhammad Ali, James Brown ha sido el gran proscrito, el Stagger Lee de su tiempo'.

2. California Dreamin'. The Mamas & Papas.

La inclusión de esta canción en la selección podría cuestionarse, pues si bien fue publicada en diciembre de 1965, no se popularizó a través de las ondas hasta mediados del año siguiente. No es necesario ampararnos en los datos: yo mismo, antes de comenzar este blog, la situaba equivocadamente más tarde, más o menos en el sesenta y seis, aunque claramente antes del verano del amor. Y es que es difícil disociar este tema de la 'movida' que se montó en Los Angeles y San Francisco.

La canción fue compuesta por el joven matrimonio Phillips, en Nueva York, en 1963. La historia suele relatarse del modo que sigue: ambos estaban recién casados, era un triste invierno y Michelle echaba de menos su California natal, así que, con la ayuda de John, el marido, compusieron esta oda nostálgica. Dos años después, unidos a Cass Elliot y Denny Doherty, terminarían de conformar The Mamas & the Papas; habían cedido 'California dreamin' al cantautor Barry McGuire, donde también cantaron los coros. Pero como el destino es impredecible, un productor apostó con ellos e hizo que Denny cantara encima de los coros, terminando la canción con unos arreglos y la exótica flauta de Bud Shank, un músico de jazz disponible en el estudio. Y eso fue todo, de momento, porque el single pasó sin pena ni gloria hasta que medio año después dio el pelotazo y lanzó definitivamente al grupo. 

Aun dejando de lado su letra e imaginario asociado, California Dreamin es una canción sugestiva magnífica; partiendo de una base folk, se alza con justicia como uno de los más populares temas que nos dejó el pop sesentero. Y consigue transmitir esa indefinible y siempre personal nostalgia, cada uno decidirá a qué. ¿Acaso el el objetivo principal de la música no es transmitir buenas emociones?

1. My girl. The Temptations.

Y el premio a la mejor canción se lo doy al éxito que nos regalaron los Temptations, 'My girl'. Este grupo es otro ejemplo de cómo funcionaba la promoción de los músicos llevada a cabo por la Motown: los compositores se afanaban en cincelar la pieza, que era destinada al equipo de la casa más apropiado para sacarle brillo; luego comenzaba la producción, donde se escogía qué número de instrumentos de viento o de cuerda eran los más idóneos, sin dejar nada a la improvisación; en último lugar, los intérpretes ejecutaban el trabajo. Aquel aire de gran familia y el hecho de que hablemos de música de productor, más que de música de autor, no restó identidad a los Temptations; de todos modos, aún estamos hablando de 1965, cuando eran el quinteto clásico (del que solo queda vivo Otis Williams), aunque por la marca han pasado más de veinte cantantes en su historia.

Y hablando de compositores, 'My girl' fue ingeniada por Smokey Robinson (ese que nos contó más arriba cómo de joven perdió el complejo que arrastraba por su voz afeminada) y el 'Miracle' Ronald White para los Temptations, aunque Robinson ya les había preparado éxitos anteriores. La voz cantante, nunca mejor dicho, la lleva David Ruffin, que ven a la derecha de la foto, con gafas. Creo que, a la hora de hablar de buena música, así como pasa con la literatura y el cine, a veces cometemos la torpeza de abusar de superlativos, pero en este caso me vais a permitir que haga uso de ellos: esta canción es perfecta, ni le sobra ni le falta nada. Otis Redding la versionará este mismo año a su propio estilo.

Así que con esta canción les dejo. Continuaremos, como les decía, con una segunda parte para destacar unos pocos álbumes norteamericanos, que no por haberlos apartado están faltos de canciones que con gusto habría metido en esta selección: simplemente, ha sido una opción de orden, como otra cualquiera.