Aquí lo tienen, Jesús María Hernández Gil, mejor conocido por su nombre artístico: Txus Di Fellatio. Como él mismo contó hace años en una entrevista, el sobrenombre lo escogió porque le parecía una forma de engatusar a alguna groupie inocente si le preguntaba qué es eso de 'fellatio'. Dudo que le haya dado mucho resultado, pero en cualquier caso ya nos dice algo del mal gusto de este bocachanclas de manual, conocido también por sus ocasionales faltas de respeto a las periodistas que han tenido la mala suerte de acercársele demasiado. Pero ya saben: este es el supuesto espíritu del rock'n roll, o del jebi, en este caso. Y Txus Di Fellatio es una muestra de lo peor de tan vetusta tradición.
Pero en esta entrada no quería hablar del personaje Txus Di Fellatio ni de su mal gusto, sino de la reciente polémica debida a la carta abierta que ha publicado esta semana, pues ha removido la escena del heavy metal español y un poco más allá. Si he querido comenzar de este modo ha sido para mostrar las cartas sobre la mesa: Txus Di Fellatio es el músico español al que menos soporto. Mi opinión, por tanto, es subjetiva e inclemente, aunque sea compartida por tantos. No acostumbro a prodigar ataques de este modo, y menos de grupos que no me gustan, pero considero que la reciente carta de Txus, unida a toda su trayectoria, merece una reflexión que trasciende la polémica actual. Pongamos un poco de contexto.
Decía que no me gusta Mago de Oz, pero hubo un tiempo en el que sí me gustaron. Corría el año 2000, yo tenía dieciséis primaveras cuando se publicó el álbum que lanzó a Mago al éxito incontestable en lo ancho de la piel de toro: Finisterra. Recuerdo la aparición de este, su quinto álbum, y lo que supuso en el panorama. No importa que nos gustara o no nos gustara de antemano el jebi, porque la propuesta de Mago de Oz consiguió alcanzar a aficionados al pop, al rock o incluso al bakalao. De repente, la canción Fiesta pagana comenzó a sonar en todas partes. Dicho de paso, nunca me gustó mucho este tema, creado con ínfulas de himno facilón, pero sí por otros igual de sonados, como Molinos de viento (La leyenda de la mancha, 1998).
¿Qué decir de su música? Hace muchos años que Mago de Oz entró en decadencia, pero aún mantiene a un buen puñado de seguidores fieles, hoy sobre todo en Hispanoamérica. Los metaleros de pro siempre los han mirado por encima del hombro y, por otro lado, el heavy metal es mirado a su vez con desdén por muchos aficionados al rock o al pop. Pero aquí estas consideraciones nos dan igual, así que vamos al meollo. Sobre gustos hay muy poco escrito, y respeto a quienes disfruten del estilo de Mago, pero yo veo en sus composiciones el abuso de ripios fáciles que buscan conectar con su público. Las letras son malas, sin paliativos, cargadas de mensajes que pretenden ser aleccionadores, pero resultan pobres y de una cursilería notable. Sin embargo, hay que ser justos: aún con sus defectos, o de si tenemos tolerancia o no para las voces chillonas, Mago de Oz tiene en su repertorio algunas buenas canciones. Os dejo una de mis preferidas, de sus primeros tiempos, del álbum de La bruja (1997).
José Andrëa ha sido el cantante más representativo en la historia de la banda, pero no fue el primer vocalista de Mago de Oz. En realidad, la sociedad Mago de Oz Espectáculos SL. ha tenido tantos cambios que no merece la pena mencionar aquí a cada uno de los músicos que llegaron y se fueron, y sin embargo este dato es interesante de cara al tema de esta entrada. Las polémicas formaban parte del marketing de la banda, sobre todo por parte de su mayor polemista, Txus Di Fellatio, pero las peores polémicas de la banda no han surgido por intención expresa de sus músicos, sino por visibilizar involuntariamente las peores conductas empresariales que puedan tener cabida en el negocio de la música. Como dice Txus, un grupo de rock no es una democracia (aunque los hay muy democráticos), casi siempre hay algún líder que lleve la iniciativa o el control creativo. Hasta aquí nada que discutir. El problema se da cuando el supuesto líder no ejerce como líder, cuando se trata sin respeto al resto de músicos contratados y todo ello se contradice con las declaraciones del grupo y sus propias letras.
Llegados a este punto, hay que aclarar que a día de hoy Mago de Oz es un grupo que pertenece a un único dueño titular, Txus Di Fellatio, que considera a Carlos Prieto (Mohamed) su socio principal, mientras que el resto de miembros son músicos contratados. Sin embargo, el grupo no comenzó así en sus primeros años. La jugada la realizó Txus en 2017 al registrar la marca comercial a su nombre unilateralmente, sin tener en cuenta a los compañeros que habían llevado a Mago de Oz al éxito desde los primeros años. Así, los guitarristas Carlitos y Frank abandonaron Mago de Oz al verse traicionados por Txus, y aún andan pleiteando: la justicia les ha dado la razón, pero Txus se resiste a soltar los sesenta y seis mil euros que les debe.
Pero el dinero no ha sido la única fuente de conflictos. El difícil carácter de Txus y la toxicidad que le rodea ha hecho que otros fueran abandonando el barco. El caso más significativo es el del mencionado vocalista José Andrëa, que tras años a disgusto e incompatibilidad de caracteres, abandonó Mago de Oz en 2011. La versión de Txus fue que José ya no tenía voz para seguir en un grupo tan grande como Mago de Oz. Desde entonces, Txus ha menospreciado a José cuando ha tenido oportunidad, llegando a regrabar Finisterra con otros vocalistas. Los siguientes cantantes también acabaron defenestrados por Txus y Mohamed: a Zeta le hicieron la mala jugada de buscar otro vocalista sin decírselo previamente, y Patricia Tapia, que abandonó en 2023, ha confesado que no se sentía valorada en Mago de Oz.
El giro de guión que no se esperaba Txus fue la formación del grupo alternativo 'Cabrones' - en alusión a un viejo grito de guerra de Mago de Oz -, constituido por antiguos miembros de la banda: José Andrëa, Carlitos, Frank y el bajista Salva. Al no disponer de la marca comercial, no puede rivalizar con Mago de Oz, pero al parecer les va bastante bien. Como no podía ser de otra manera, Txus ha intentado cargar contra ellos por todos los medios legales y comunicativos.
Txus di Fellatio se ha ganado a pulso el apelativo de dictador por el que se le conoce. Para una persona que se ha trabajado tan bien la imagen pública, sus maniobras y declaraciones no dejan de colocar clavos en su ataúd. La última polémica tiene que ver con la película ''Fiesta pagana'' (2026), que al parecer trata la historia de Mago de Oz. Txus quiso controlarla al milímetro pero, ante la resistencia de los realizadores, terminó desentendiéndose del proyecto. Ahora dos de sus músicos contratados, miembros de Mago de Oz, han puesto imagen en ella, han emprendido un proyecto paralelo, y el jefe se ha enfadado. Y se ha enfadado hasta el punto de humillarlos públicamente, siempre desde el victimismo que caracteriza a Txus:
''Rafa desde que ganaste La Voz no habías estado en ninguna banda de relevancia y estabas en una orquesta haciendo versiones de pop de los 80 (...) Cuando te propuse unirte a la banda, me dijiste que era uno de los días más felices de tu vida. Ix, tú estabas literalmente sumido en el olvido. De hecho, cuando tuviste que sustituir a Salán en un festival de Estados Unidos, vi en tu mirada el hambre de escenario y tomé la decisión de contratarte a pesar de que no hacía falta'.
E incluso dejar una amenaza bastante clara: ''Fuera de Mägo de Oz hace mucho frío; solo tenéis que echar un vistazo a lo que ha ocurrido con la mayoría de exmiembros''.
No me extiendo más. Que Txus es el jefe de Mago de Oz es indiscutible, pero un jefe, sobre todo si pretende ser un buen líder, debe saber gestionar su grupo y tratar con sus compañeros de oficio, y el mínimo denominador es el respeto. Una banda de rock, o de metal, que vende mensajes solidarios y bien intencionados, debe actuar con el ejemplo; de lo contrario, ese público que deja el dinero dejará de hacerlo. No conocía a Rafa ni a Ix porque hace años que no sigo las publicaciones musicales de Mago de Oz, pero espero que, si tienen dignidad, escojan pasar frío.


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